beneficio de los pocos que pudieran hacerlo, quise disipar toda duda sobre el hecho de que no era en absoluto necesario para la expedición de un balandro alrededor del mundo llevar más de un hombre como tripulación, en total, y que el Spray navegó con una sola persona a bordo. Y así, según lo acordado, el teniente Eagles, oficial ejecutivo, por la mañana, justo cuando yo estaba listo para zarpar, fumigó el balandro, haciendo imposible que una persona viviera oculta en la cubierta inferior y probando que solo una persona iba a bordo cuando este llegó. Un certificado en este sentido, además de los documentos oficiales de los numerosos consulados, oficinas de sanidad y aduanas, les parecerá superfluo a muchos; pero este relato del viaje puede llegar a manos poco familiarizadas con las gestiones de estas oficinas y con sus métodos para comprobar que los documentos de un barco y, sobre todo, sus patentes de sanidad, están en regla.
Extendido el certificado del teniente, el Spray, de muy buena gana, se apartó por fin de las rocas azotadas por el mar, y los vientos alisios, agradablemente frescos y vigorizantes, la hicieron volar rauda en su rumbo. El 8 de mayo de 1898, de regreso a casa, cruzó la derrota que había trazado el 2 de octubre de 1895 en el viaje de ida. Pasó por Fernando de Noronha de noche, alejándose unas cuantas millas al sur, por lo que no vi la isla. Sentí la satisfacción de saber que el Spray había circunnavegado el globo, y aun considerándolo solo como una aventura, mi confianza en su utilidad no había decaído en absoluto, y me dije: «Pase lo que pase, el viaje ya está registrado». Se puso punto final.