años—, lo habían apodado así. Juan Fernández se encontraba entonces bajo la administración de un gobernador de la nobleza sueca, según me contaron. También me dijeron que su hija era capaz de montar a la cabra más fiera de la isla. El gobernador, en el momento de mi visita, se hallaba en Valparaíso con su familia para matricular a sus hijos en la escuela. El rey había estado fuera una vez durante uno o dos años y, en Río de Janeiro, se haba casado con una mujer brasileña que siguió sus pasos hasta la lejana isla. Él mismo era portugués, natural de las Azores. Había navegado en balleneros de New Bedford y había gobernado un bote. Todo esto supe, y más también, antes de llegar al fondeadero. La brisa marina, que no tardó en entrar, hinchó las velas del Spray, y el experimentado marino portugués lo condujo hasta un fondeadero seguro en la bahía, donde quedó amarrado a una boya frente al asentamiento.
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Capítulo X
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