vuela, sino que, golpeando el agua en vez del aire con las alas, se desplaza más rápido que un bote de remos o una canoa. Los pocos lobos marinos finos que vi eran muy esquivos; y de peces no vi casi ninguno. No atrapé ni uno solo; de hecho, rara vez o nunca eché un anzuelo en todo el viaje. Aquí en el estrecho encontré una gran abundancia de mejillones de una calidad excelente. Me alimenté espléndidamente de ellos. Había una especie de cisne, más pequeño que un pato criollo, que podría haber sido abatido con la escopeta, pero en la soledad de la vida en aquella región sombría no me hallaba con ánimo de quitarle la vida a nadie, excepto en defensa propia.
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VII. Zarpe de Buenos Aires
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