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nydus/Sailing Alone Around the WorldPublic
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V. Sailing from Gibraltar

a mano; pues calculé mentalmente que para entonces el pirata ya habría recuperado el rumbo y estaría a tiro, y que cuando lo viera sería mejor mirarlo a través del cañón de un arma. Tenía el fusil al hombro cuando escudriñé la neblina, ni un solo pirata se hallaba a menos de una milla. La ola y el turbión que se llevaron mi botavara habían arbolado y desmantelado por completo a la falúa. Logré distinguir a su tripulación de ladrones, una docena más o menos, que forcejeaban para rescatar sus aparejos del mar. ¡Alá ennegrezca sus rostros!

Navegué cómodamente con el foque y la vela deestay, que acababa de aparejar. Arreglé la botavara y aferré bien la vela para pasar la noche; luego guié la proa del balandro dos cuartas mar adentro para compensar el efecto de la corriente y el fuerte oleaje que empujaba hacia la costa. Con esto recibía el viento tres cuartas por la aleta de estribor y un tirón constante en las velas de proa.

Para cuando hube dejado todo en orden ya era de noche, y un pez volador ya había caído sobre cubierta. Me lo llevé a la bajamar para cenar, pero me encontré demasiado cansado para cocinar, o incluso para comer algo ya preparado. No recuerdo haber estado más cansado antes ni después en toda mi vida que al terminar aquel día.

Demasiado fatigado para dormir, me estuve revolviendo al compás del movimiento de la embarcación hasta cerca de la medianoche, hora en que me apañé para limpiar el pescado y preparar una taza de té. En ese momento comprendí plenamente, si no lo había hecho antes, que el viaje que tenía por delante exigiría esfuerzos fervientes y duraderos.

El 27 de agosto ya no quedaba nada por ver del moro, ni tampoco de su país, a excepción de dos picos que se divisaban a lo poco en el este a través de la nítida atmósfera matutina. Poco después de salir el sol, incluso estos quedaron oscurecidos por la bruma, muy para mi satisfacción.

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