manos a la obra para encargar el cuadro. Eso deduje de su carta. En estaciones solitarias como esta, los corazones se vuelven receptivos y comprensivos, e incluso poéticos. Este sentimiento se manifestó hacia el Spray a lo largo de muchas costas agrestes, y leer las numerosas y amables señales que se le lanzaban a una le infundían a uno un sentimiento de gratitud hacia todo el mundo.
Un vendaval más cayó sobre el Spray desde el oeste después de pasar el cabo de las Agujas, pero a ése lo esquivó metiéndose en la bahía de Simons. Cuando amainó, bordeó el cabo de Buena Esperanza, donde dicen que el Holandés Errante sigue navegando.
El viaje pareció entonces casi terminado; a partir de este momento supe que todo, o casi todo, sería viento en popa.
Aquí crucé la línea divisoria del tiempo atmosférico. Al norte estaba despejado y estable, mientras que al sur era húmedo y borrascoso, a menudo con un viento huracanado y traicionero, como ya he dicho.
Saliendo del reciente tiempo adverso, el Spray entró en una zona de calma bajo la Montaña de la Mesa, donde permaneció tranquilo hasta que el generoso sol se alzó sobre tierra y atrajo una brisa desde el mar.
El remolcador a vapor Alert, que entonces andaba en busca de barcos, salió al encuentro del Spray frente a la grupa del León y, a falta de un buque mayor, lo remolcó hasta puerto. Como el mar estaba en calma, el balandro fondeó en la bahía frente a la ciudad de Ciudad del Cabo, donde permaneció un día, simplemente para descansar al margen del bullicio comercial. El amable capitán del puerto envió su lancha de vapor para llevar el balandro a un muelle del dársena de inmediato, pero preferí quedarme un día a solas, en la quietud de un mar en calma, disfrutando del recuerdo retrospectivo del paso por los dos grandes cabos. A