No conozco ninguna buena razón por la cual, en una embarcación de recreo, no se pudiera haber construido una caseta de cubierta en el centro en lugar de tan a popa, como la que tiene, la cual deja un espacio muy estrecho entre la rueda del timón y la línea de la entrada de la cabina. Algunos incluso dicen que podría haber mejorado la forma de su popa. No lo sé. El agua se aparta de su obra posterior de forma nítida tras haberla sustentado hasta el último centímetro, y no se forma succión alguna por un recorte excesivo.
Los marineros de aguas tranquilas dicen: «¿Dónde está su voladizo?». Nunca han cruzado la corriente del Golfo en un temporal de nordeste, y no saben qué es lo mejor para cualquier condición meteorológica. Por tu vida, no construyas ningún voladizo en la popa de una embarcación que vaya a mar abierto. Del mismo modo que un marinero juzga su futuro barco de un «vistazo» cuando muestra el interés suficiente como para examinarlo, así juzgué yo al Spray, y no me engañé.
En un aparejo de balandra, el Spray realizó aquella parte de su viaje que se extiende desde Boston hasta el estrecho de Magallanes, durante la cual experimentó la mayor variedad de condiciones meteorológicas. El aparejo de yola que adoptó después solo supuso una mejora en cuanto reducía el tamaño de una vela mayor bastante pesada y mejoraba ligeramente sus cualidades de rumbo en ceñida. Cuando el viento soplaba por la popa, la mesana no se utilizaba; invariablemente se arriaba entonces. Con la botavara abierta del todo y con el viento a dos cuartas por la aleta, el Spray navegaba con su rumbo más recto. Nunca llevaba mucho tiempo encontrar la cantidad de timón, o el ángulo del timón, necesarios para mantenerla en su rumbo, y una vez hallado, amarraba la rueda con este en ese ángulo.