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nydus/Sailing Alone Around the WorldPublic
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Table of Contents

XII. Setenta y dos días sin puerto

Setenta y dos días sin puerto⁠—Ballenas y aves⁠—Una ojeada a la cocina del Spray⁠—Pez volador para el desayuno⁠—Una bienvenida en Apia⁠—Una visita de la señora de Robert Louis Stevenson⁠—En Vailima⁠—Hospitalidad samoana⁠—Arrestado por cabalgar demasiado rápido⁠—Un tiovivo divertido⁠—Profesores y alumnos del Colegio Papauta⁠—A merced de las ninfas del mar.

Estar solo cuarenta y tres días parecería mucho tiempo, pero en realidad, incluso aquí, los momentos alados volaban ligeros, y en vez de poner rumbo a Nukahiva, que habría podido alcanzar tan bien como cualquier otro sitio, seguí hacia Samoa, donde deseaba hacer mi siguiente escala.

Esto me llevó veintinueve días más, lo que hace un total de setenta y dos días. No sufrí ninguna clase de zozobra durante ese tiempo. La compañía no faltaba; los mismísimos arrecifes de coral me hacían compañía, o no me daban tiempo para sentirme solo, que viene a ser lo mismo, y ahora había muchos de ellos en mi ruta hacia Samoa.

El primero de los incidentes del viaje de Juan Fernández a Samoa (que no fueron muchos) fue el peligroso e imprevisto choque evitado con una gran ballena que surcaba distraída el océano por noche, mientras yo estaba en la cubierta inferior. El ruido de su soplido sobresaltado y la conmoción que provocó en el mar, al girar para esquivar mi embarcación, me hicieron subir a cubierta a tiempo para llevarme un buen baño con el agua que levantó con su aleta caudal. El monstruo estaba al parecer asustado. Se dirigió rápidamente hacia el este; yo seguí hacia el oeste.

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