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nydus/Sailing Alone Around the WorldPublic
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Capítulo X

fueron por los aires. Es un hecho que en Magallanes dejé pasar muchos patos que habrían hecho un buen guiso, pues no tenía la menor intención en el solitario estrecho de quitarle la vida a ningún ser viviente.

Desde el cabo Pillar puse rumbo a Juan Fernández y el 26 de abril, quince días después de zarpar, avisté aquella histórica isla justo al frente.

Las azules colinas de Juan Fernández, altas entre las nubes, se divisaban a unas treinta millas de distancia.

Mil emociones me estremecieron al ver la isla, e incliné la cabeza hasta tocar la cubierta.

Podemos burlarnos de la salam oriental, pero por mi parte no encontré otra manera de expresarme.

Como el viento sopló flojo durante el día, el Spray no llegó a la isla hasta la noche. Con el poco viento que había para hinchar sus velas, se arrimó a la costa por el lado noreste, donde se calmó y así permaneció toda la noche.

Vi el parpadeo de una lucecita más allá en una cala, y disparé un fusil, pero no obtuve respuesta y pronto la luz desapareció por completo.

Oí el mar rugir contra los acantilados durante toda la noche, y comprendí que el mar de leva seguía siendo fuerte, aunque desde la cubierta de mi pequeño barco parecía pequeño. Por el grito de los animales en los cerros, que se oía cada vez más débil a través de la noche, deduje que una suave corriente estaba alejando al balandro de tierra, aunque toda la noche pareció peligrosamente cerca de la costa, pues, al ser la tierra muy alta, las apariencias eran engañosas.

Poco después del amanecer vi un bote que salía en mi dirección. Al acercarse, da la casualidad de que tomé mi fusil, que estaba sobre la cubierta, con la única intención de guardarlo abajo; pero la gente del

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