pero rica tierra de la parte superior de la isla, entre las nubes, la vegetación haE enraizado y se practica una pequeña agricultura científica bajo la supervisión de un caballero procedente de Canadá. Allí también pastan unas pocas cabezas de ganado vacuno y lanar para el rancho de la guarnición. El almacenamiento de agua se realiza a gran escala. En una palabra, este montón de cenizas y roca de lava está pertrechado y fortificado, y resistiría un asedio.
Muy pronto después de la llegada del Spray recibí una nota del capitán Blaxland, el comandante de la isla, en la que me expresaba su agradecimiento por el correo real traído desde Santa Elena, y me invitaba a almorzar con él, su esposa y su hermana en la comandancia, situada no muy lejos de allí. Casi sobra decir que acepté la hospitalidad del capitán de inmediato.
Un carruaje esperaba en el muelle cuando desembarqué, y un marinero, con una amplia sonrisa, condujo el caballo con cuidado cu cuesta arriba hasta la casa del capitán, como si yo fuera un lord del Almirantazgo y además un gobernador; y lo condujo con el mismo cuidado cuesta abajo cuando regresé. Al día siguiente visité la cumbre entre las nubes, con el mismo equipo a mi disposición y el mismo viejo marinero guiando el caballo. Probablemente no había en ese momento un solo hombre en la isla más capaz de caminar que yo. El marinero lo sabía. Finalmente sugerí que cambiáramos de lugar. > «Déjame tomar la brida —le dije—, y evitar que el caballo se desboque». > > «¡Gran fragata de piedra! —exclamó, estallando en una carcajada—, este maldito caballo no