De aquí en adelante, durante un tiempo, ningún ser vivo turbó mi soledad; ni siquiera un insecto estuvo presente en mi embarcación, salvo la araña y su esposa, de Boston, que ahora tenían una familia de arañitas.
Nada, digo yo, hasta que, al navegar por el último tramo del océano Índico, llegaron mosquitos por cientos procedentes del agua de lluvia vertida desde los cielos.
Simplemente un barril de agua de lluvia permaneció en cubierta cinco días, creo, bajo el sol, y entonces comenzó la música. Reconocí el sonido al instante; era el mismo que se oía desde Alaska hasta Nueva Orleans.
De nuevo en Ciudad del Cabo, mientras cenaba fuera un día, me cautivó el canto de un grillo, y el señor Branscombe, mi anfitrión, se ofreció a capturarme una pareja. Fueron enviados a bordo al día siguiente en una caja con la etiqueta: «Plutón y Pillo».
Guardaé los bichitos en la bitácora en su propia cajita acogedora, y los dejé allí sin comida hasta hacerme a la mar—unos pocos días. Nunca había oído decir que un grillo comiera nada. Parece ser que Plutón era un caníbal, pues solo las alas del pobre Pillo eran visibles cuando abrí la tapa, y yacían rotas en el suelo de la caja-prisión. Incluso a Plutón le había ido mal, pues yacía de espaldas, tieso y rígido, sin volver a chirriar jamás.
La isla de Ascensión, donde el macho cabrío fue abandonado, se llama Stone Frigate, R.N., y está catalogada como buque nodriza (tender) del Escuadrón Sudafricano. Se encuentra a los 7° 35′ de latitud sur y 14° 25′ de longitud oeste, en pleno corazón de los vientos alisios del sudeste y a unas ochocientas cuarenta millas de la costa de Liberia. Es una masa de materia volcánica, arrojada desde el lecho del océano hasta una altura de dos mil ochocientos dieciocho pies en su punto más alto sobre el nivel del mar. Es un punto estratégico y perteneció a Gran Bretaña antes de que se enfriara. En la escasa