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nydus/Sailing Alone Around the WorldPublic
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XIV. Testimonio de una dama

La estación del verano había terminado entonces; el invierno avanzaba desde el sur, con vientos favorables para el norte.

Un anticipo del viento invernal hizo que el Spray volara alrededor del cabo Howe y hasta el cabo Bundooro, más adelante, que rebasó al día siguiente, desandando su rumbo hacia el norte. Fue una travesía excelente y presagiaba buenos augurios para el largo viaje de regreso a casa desde las antípodas.

Mis viejos amigos navideños de Bundooro parecían estar levantados y activos cuando pasé por segunda vez junto a su cabo, y volvimos a intercambiar señales, mientras la balandra navegaba como antes sobre un mar tranquilo y muy cerca de la costa.

El tiempo estuvo bueno, con cielo despejado el resto de la travesía hasta Port Jackson (Sídney), donde el Spray llegó el 22 de abril de 1897 y ancló en Watson’s Bay, cerca de la entrada, a ocho brazas de profundidad. El puerto, desde la entrada hasta Parramatta, río arriba, bullía como nunca de botes y yates de todas las clases. Era, en verdad, una escena de animación difícilmente igualada en ninguna otra parte del mundo.

Pocos días después, la bahía estaba salpicada de olas tempestuosas, y ninguna embarcación que no fuera robusta se atrevía a desplegar velas. Yo me encontraba entonces en un hotel vecino, cuidándome una neuralgia que había contraído por la costa, y en ese mismo instante alcancé a ver apenas la popa de un vapor grande e inmaniobrable que pasaba fuera del campo visual de mi ventana mientras doblaba la punta, cuando el botones irrumpió en mi habitación gritando que el Spray se había «ido a pique». Salí a toda prisa tropezando, para enterarme de que «a pique» significaba que un gran vapor lo había atropellado, y que era precisamente aquel cuya popa había visto, habiendo sido la otra punta de este la que chocó contra el Spray.

Resultó, sin embargo, que no se había producido más daño que la pérdida de un ancla y una cadena, las cuales, por la sacudida de la

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