error sobre error, y remiendo sobre remiendo, y nuestra mejor virtud tiene por ocasión una miseria superflua y evitable. Nuestra vida se disipa en detalles. Un hombre honrado apenas necesita contar más que sus diez dedos, o en casos extremos puede añadir los diez dedos de los pies, y meter el resto en el mismo saco.
¡Simplicidad, simplicidad, simplicidad!
Digo, que vuestros asuntos sean dos o tres, y no cien o mil; en vez de un millón contad media docena, y llevad vuestras cuentas en la uña del pulgar.
En medio de este mar picado de la vida civilizada, tales son las nubes y las tormentas y las arenas movedizas y los mil y un detalles a tener en cuenta, que un hombre tiene que vivir, si no quiere zozobrarse e irse a pique y no llegar jamás a puerto, por estima, y hay que ser un gran calculador en verdad para triunfar.
Simplificad, simplificad.
En vez de tres comidas al día, si es necesario comed una sola; en vez de cien platos, cinco; y reducid las demás cosas en proporción.