destruir las patatas de las tierras bajas, aún sería buena para la hierba de las tierras altas y, al ser buena para la hierba, sería buena para mí.
A veces, cuando me comparo con otros hombres, me parece como si los dioses me hubieran favorecido más que a ellos, más allá de cualquier mérito del que sea consciente; como si tuviera de su parte una garantía y un salvoconducto que mis semejantes no tienen, y estuviera especialmente guiado y protegido. No me alago a mí mismo, pero si es posible, ellos me alagan a mí.
Nunca me he sentido solo, ni lo más mínimo oprimido por una sensación de soledad, sino una sola vez, y eso fue pocas semanas después de haber llegado al bosque, cuando, durante una hora, dudé si la vecindad cercana del hombre no era esencial para una vida serena y saludable. Estar solo era algo desagradable. Pero al mismo tiempo era consciente de una ligera locura en mi estado de ánimo, y parecía prever mi recuperación.
En medio de una lluvia mansa, mientras tales pensamientos predominaban, de pronto cobré consciencia de una compañía tan dulce y benéfica en la Naturaleza, en el repiqueteo mismo de las gotas, y en cada sonido y visión alrededor de mi casa, una amistad infinita e inexplicable de repente, como una atmósfera que me sostenía, que hizo que las ventajas imaginarias de la vecindad humana parecieran insignificantes, y nunca más he vuelto a pensar en ellas.
- Cada pequeña aguja de pino se dilataba e hinchaba de simpatía y me brindaba su amistad.
Tuve una consciencia tan clara de la presencia de algo afín a mí, aun en parajes que estamos acostumbrados a llamar agrestes y desolados, y también de que mi pariente más cercano y humano no era una persona ni un aldeano, que pensé que ningún lugar volvería serme extraño jamás.
“El dolor prematuro consume al triste;