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Conclusión

exterior. Es el ruido de mis contemporáneos. Mis vecinos me hablan de sus aventuras con caballeros y damas famosos, de qué notabilidades conocieron en la mesa; pero esas cosas no me interesan más que el contenido del Daily Times. El interés y la conversación giran principalmente en torno al traje y las maneras; pero un ganso sigue siendo un ganso, lo vistas como lo vistas. Me hablan de California y de Texas, de Inglaterra y de las Indias, del honorable señor ⸻ de Georgia o de Massachusetts, todos fenómenos transitorios y fugaces, hasta que estoy a punto de saltar de su patio como el bey mameluco. Me encanta encontrar mi rumbo —no marchar en procesión con pompa y desfile, en un lugar visible, sino marchar a la par del Arquitecto del universo, si puedo—, no vivir en este Siglo Diecinueve inquieto, nervioso, bullicioso y trivial, sino estar de pie o sentado pensativamente mientras pasa de largo. ¿Qué celebra la gente? Todos forman parte de un comité de organización y esperan a cada hora el discurso de alguien. Dios es solo el presidente de la jornada, y Webster es su orador. Me encanta sopesar, establecerme, gravitar hacia aquello que más fuerte y legítimamente me atrae —no colgar del brazo de la balanza e intentar pesar menos—, no plantear un caso hipotético, sino tomar el caso que es; transitar el único camino que puedo, y aquel en el que ningún poder puede resistirme. No me produce ninguna satisfacción comercial levantar un arco antes de haber conseguido unos cimientos sólidos. No juguemos sobre hielo delgado. Hay un fondo sólido en todas partes. Leemos que el viajero le preguntó al muchacho si el pantano que tenía delante tenía un fondo duro. El muchacho respondió que sí. Pero al poco tiempo el caballo del músico se hundió hasta la cincha, y este le observó al muchacho: «Creí que habías dicho que este cenagal tenía un fondo duro». «Así lo tiene —respondió este último—, pero todavía no has llegado ni a la mitad». Lo mismo ocurre con los pantanos y arenas movedizas de la sociedad; pero es un muchacho listo el que lo sabe. Solo lo que se piensa, se dice o se hace en una cierta y rara coincidencia es bueno. No quisiera ser de aquellos que clavan neciamente un clavo en mero

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