través de ella. Para hablar con rigor, en toda mi vida jamás recibí más de uno o dos cartas —esto lo escribí hace algunos años— que valieran el franqueo. El correo de un centavo es, por lo común, una institución mediante la cual uno le ofrece seriamente a un hombre ese centavo por sus pensamientos que tan a menudo se ofrece a salvo en broma.
Y estoy seguro de que jamás leí ninguna noticia memorable en un periódico.
Si leemos acerca de un hombre asaltado, o asesinado, o muerto por accidente, o una casa incendiada, o un barco naufragado, o un vapor estallado, o una vaca arrollada en el Ferrocarril del Oeste, o un perro rabioso matado, o una plaga de saltamontes en invierno—nunca necesitamos leer de otro.
Uno es suficiente. Si estás familiarizado con el principio, ¿qué te importan una miríada de casos y aplicaciones?
Para un filósofo todas las noticias, como se les llama, son chismes, y quienes las redactan y leen son viejas tomando el té.