¡Aire matinal! Si los hombres no quieren beber de esto en la fuente misma del día, vaya, entonces tendremos que embotellar un poco y venderlo en las tiendas, para beneficio de aquellos que han perdido su abono para la hora de la mañana en este mundo. Pero recuerden que no se conservará intacto hasta el mediodía, ni siquiera en la bodega más fresca, sino que hará saltar los tapones mucho antes de eso y seguirá hacia el oeste los pasos de la Aurora. No soy un adorador de Higía, que era hija de aquel viejo médico herbolario Esculapio, y que está representada en los monumentos sosteniendo una serpiente en una mano y en la otra una copa de la que la serpiente a veces bebe; sino más bien de Hebe, copera de Júpiter, que era hija de Juno y de la lechuga silvestre, y que tenía el poder de devolver a los dioses y a los hombres el vigor de la juventud. Probablemente fue la única joven completamente sana, saludable y robusta que jamás pisó el globo, y dondequiera que ella llegaba era primavera.
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Soledad
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