armonía inaudible para los hombres. Si un hombre tiene fe, cooperará con igual fe en todas partes; si no tiene fe, seguirá viviendo como el resto del mundo, a cualquier compañía que se una. Cooperar en el sentido más elevado así como en el más bajo, significa ganarnos la vida juntos.
Oí proponer hace poco que dos jóvenes viajaran juntos por el mundo, el uno sin dinero, ganándose el sustento sobre la marcha, ante el mástil y tras el arado, y el otro llevando una letra de cambio en el bolsillo.
Era fácil ver que no podrían ser compañeros ni cooperar por mucho tiempo, ya que uno no funcionaría en absoluto. Se separarían en la primera crisis interesante de sus aventuras.
Por encima de todo, como he insinuado, el hombre que va solo puede ponerse en marcha hoy; pero el que viaja con otro debe esperar hasta que ese otro esté listo, y puede pasar mucho tiempo antes de que emprendan el viaje.
Pero todo esto es muy egoísta, he oído decir a algunos de mis conciudadanos. Confieso que hasta ahora me he entregado muy poco a empresas filantrópicas. He hecho algunos sacrificios por sentido del deber y, entre otros, he sacrificado también este placer. Hay quienes han empleado todas sus artimañas para persuadirme de que asuma el mantenimiento de alguna familia pobre del pueblo; y si no tuviera nada que hacer —pues el diablo le encuentra ocupación al ocioso—, tal vez probaría suerte en semejante pasatiempo.
Sin embargo, cuando he pensado en darme ese gusto y obligar a su Cielo a reconocerme el mérito manteniendo a ciertas personas pobres con las mismas comodidades con las que me mantengo a mí mismo, e incluso me he aventurado a hacerles tal ofrecimiento, todos y cada uno de ellos han preferido sin vacilar seguir siendo pobres. > Si bien mis conciudadanos y