vivir con sencillez y comer solo la cosecha que cultivaba, y no cultivar más de lo que comía, y no cambiarla por una cantidad insuficiente de cosas más suntuosas y caras, solo necesitaría cultivar unas pocas varas de terreno, y que saldría más barato cavar este a mano que usar bueyes para ararlo, y elegir un lugar nuevo de vez en que cuando en vez de abonar el viejo, y que uno podría hacer todas las labores agrícolas necesarias por así decirlo con la mano izquierda a ratos perdidos en verano; y así no estaría atado a un buey, ni a un caballo, ni a una vaca, ni a un cerdo, como ocurre ahora. Deseo hablar con imparcialidad sobre este punto, y como alguien ajeno al éxito o al fracaso de los arreglos económicos y sociales actuales. Yo era más independiente que cualquier granjero de Concord, pues no estaba anclado a una casa o granja, sino que podía seguir la inclinación de mi genio, que es muy tortuoso, a cada momento. Además de estar ya en mejor situación que ellos, si mi casa se hubiera quemado o mis cosechas hubieran fracasado, habría estado casi tan bien como antes.
Suelo pensar que los hombres no son tanto los guardianes de los rebaños como los rebaños son los guardianes de los hombres; aquéllos son mucho más libres. Los hombres y los bueyes intercambian trabajo; pero si consideramos únicamente el trabajo necesario, se verá que los bueyes llevan una gran ventaja, pues su granja es mucho más extensa. El hombre cumple con su parte del trabajo de intercambio en sus seis semanas de siega, y no es juego de niños. Ciertamente ninguna nación que viviera sobriamente en todos los aspectos, es decir, ninguna nación de filósofos, cometería un error tan grande como utilizar el trabajo de los animales. Es verdad que nunca