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Lectura

No es de extrañar que Alejandro llevara consigo la Ilíada en sus expediciones dentro de un precioso cofre. La palabra escrita es la más selecta de las reliquias. Es algo a la vez más íntimo para nosotros y más universal que cualquier otra obra de arte. Es la obra de arte más cercana a la vida misma. Puede ser traducida a todos los idiomas, y no solo ser leída, sino en verdad respirada por todos los labios humanos;⁠—no ser representada únicamente sobre lienzo o en mármol, sino ser esculpida a partir del aliento de la vida misma. El símbolo del pensamiento de un hombre antiguo se convierte en el habla de un hombre moderno. Dos mil veranos han conferido a los monumentos de la literatura griega, al igual que a sus mármoles, tan solo un tinte otoñal y dorado más maduro, pues han transportado su propia atmósfera serena y celestial a todas las tierras para protegerlos de la corrosión del tiempo.

Los libros son la riqueza atesorada del mundo y la herencia adecuada de generaciones y naciones.

Los libros, los más antiguos y los mejores, ocupan natural y legítimamente los estantes de cualquier modesta vivienda.

No tienen una causa propia que defender, pero mientras iluminan y sostienen al lector, el sentido común de este no los rechazará.

Sus autores constituyen una aristocracia natural e irresistible en toda sociedad y, más que los reyes o los emperadores, ejercen influencia sobre la humanidad.

Cuando el comerciante analfabeto y quizás desñoso ha ganado mediante la empresa y la industria su codiciado ocio e independencia, y es admitido en los círculos de la riqueza y la moda, se vuelve inevitablemente al fin hacia esos círculos aún más altos pero todavía inaccesibles del intelecto y el genio, y es consciente tan solo de la imperfección de su cultura y de la vanidad e insuficiencia de todas sus riquezas, y prueba además su buen juicio por el empeño que pone en

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