CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 359 de 375
Table of Contents

Primavera

paisaje una luminosidad semejante a la del sol, especialmente en los días nublados, como si este se abriera paso entre las brumas y brillara tenuemente aquí y allá en las laderas. El tres o cuatro de mayo vi un colimbo en el estanque, y durante la primera semana del mes oí al chotacabras, al sinsonte rojo, al zorzal de Bicknell, al pibí oriental, al rascador de colarrufa y a otras aves. Mucho antes había oído al zorzal del bosque. El papamoscas oriental ya había regresado una vez más y se asomaba a mi puerta y a mi ventana para ver si mi casa era lo bastante cavernosa para ella, sosteniéndose sobre alas zumbadoras con las garras contraídas, como si se sustentara en el aire mientras inspeccionaba las inmediaciones. El polen, parecido al azufre, del pino al alquitrán pronto cubrió el estanque, las piedras y la madera podrida de la orilla, de modo que se habría podido juntar un barril entero. Estas son las «lluvias de azufre» de las que tanto oímos hablar. Incluso en el drama Sacontala de Kālidāsa leemos acerca de «arroyuelos teñidos de amarillo por el polvo dorado del loto». Y así las estaciones avanzaban rodando hacia el verano, del mismo modo que uno se adentra paseando en hierbas cada vez más altas.

Así concluyó el primer año de mi vida en los bosques, y el segundo fue semejante a aquel. Finalmente abandoné Walden el 6 de septiembre de 1847.

359