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Primavera

más somera era por entonces varias pulgadas más delgado que en el centro. En pleno invierno el centro había sido lo más cálido y el hielo más delgado allí. Así también, cualquiera que haya vadeado por las orillas del estanque en verano habrá percibido cuán más cálida es el agua cerca de la orilla, donde solo tiene tres o cuatro pulgadas de profundidad, que a poca distancia mar adentro, y en la superficie donde es profunda, que cerca del fondo. En primavera el sol no solo ejerce una influencia a través de la mayor temperatura del aire y de la tierra, sino que su calor atraviesa un hielo de un pie o más de espesor, y se refleja desde el fondo en agua poco profunda, calentando así también el agua y derritiendo la cara inferior del hielo, al mismo tiempo que lo derrite más directamente por arriba, volviéndolo desigual y haciendo que las burbujas de aire que contiene se extiendan hacia arriba y hacia abajo hasta que queda completamente acanalado como un panal y al fin desaparece de repente en una sola lluvia primaveral. El hielo tiene su veta al igual que la madera, y cuando un bloque comienza a corromperse o «peinar», es decir, a adquirir el aspecto de panal, sea cual fuere su posición, las celdas de aire forman ángulos rectos con lo que era la superficie del agua. Donde hay una roca o un tronco que se eleva cerca de la superficie, el hielo que está sobre ellos es mucho más delgado y con frecuencia queda bastante disuelto por este calor reflejado; y me han dicho que en el experimento realizado en Cambridge para congelar agua en un estanque de madera poco profundo, aunque el aire frío circulaba por debajo y tenía así acceso a ambas caras, el reflejo del sol desde el fondo compensaba con creces esta ventaja. Cuando una lluvia templada en pleno invierno funde el hielo de nieve de Walden y deja un hielo duro, oscuro o transparente en el centro, habrá una franja de hielo blanco, descompuesto aunque más grueso, de una

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