mayores. No me han dicho nada, y probablemente no puedan decirme nada útil. He aquí la vida, un experimento en gran medida no probado por mí; pero de nada me sirve que ellos lo hayan probado. Si tengo alguna experiencia que considero valiosa, seguro que advierto que mis Mentores no dijeron nada al respecto.
Un granjero me dice: «No se puede vivir únicamente de comida vegetariana, pues no aporta nada con lo que hacer huesos»; y así consagra religiosamente una parte de su día a suministrar a su organismo la materia prima de los huesos; caminando todo el tiempo que habla detrás de sus bueyes, los cuales, con huesos hechos de vegetales, lo tiran a él y a su pesado arado a pesar de todos los obstáculos.
Algunas cosas son realmente necesidades de la vida en ciertos círculos, los más desvalidos y enfermizos, que en otros son meros lujos, y en otros más son totalmente desconocidas.
A algunos les parece que todo el terreno de la vida humana ha sido ya recorrido por sus predecesores, tanto las cumbres como los valles, y que todo ha sido atendido. Según Evelyn, “el sabio Salomón prescribió ordenanzas para las distancias mismas de los árboles; y los pretores romanos han decidido cuán a menudo puedes entrar en la tierra de tu vecino a recoger las bellotas que caen en ella sin incurrir en transgresión, y qué parte pertenece a ese vecino”. Hipócrates incluso ha dejado instrucciones sobre cómo debemos cortarnos las uñas; esto es, al ras de las puntas de los dedos, ni más cortas ni más largas. Sin duda, el tedio y el hastío mismos que presumen haber agotado la variedad y los alegrías de la vida son tan antiguos como Adán. Pero las capacidades del hombre nunca han sido medidas; ni hemos de juzgar lo que puede hacer por ningún precedente,