“Después de que a los gérmenes de la virtud se les ha impedido de este modo desarrollarse muchas veces, el soplo benéfico de la tarde ya no basta para conservarlos.
Tan pronto como el soplo de la tarde ya no basta para conservarlos, la naturaleza del hombre no difiere mucho de la de la bestia.
Los hombres, al ver la naturaleza de este hombre semejante a la de la bestia, piensan que él nunca ha poseído la facultad innata de la razón.
¿Son esos los sentimientos verdaderos y naturales del hombre?”
“Primero fue creada la Edad de Oro, la cual sin ningún vengador Espontáneamente sin ley acarició la fidelidad y la rectitud. El castigo y el miedo no existían; ni se leían palabras amenazantes En bronce suspendido; ni la muchedumbre suplicante temía Las palabras de su juez; sino que estaban a salvo sin un vengador. Todavía el pino derribado en sus montes no había descendido A las olas líquidas para poder ver un mundo extraño, Y los mortales no conocían más orillas que las suyas.
Había una primavera eterna, y los céfiros apacibles con cálidos Soples acariciaban las flores nacidas sin semilla.”
El 29 de abril, mientras pescaba desde la orilla del río cerca del puente de Nine-Acre-Corner, de pie sobre la hierba temblorosa y las raíces de sauce, donde acechan las ratas almizcleras, oí un sonido peculiar, algo parecido al de los palitos con los que los muchachos juegan con los dedos, cuando, al levantar la vista, observé un halcón muy ligero y grácil, semejante a una chotacabras, que alternativamente planeaba como una onda y daba tumbos una o dos varas una y otra vez, mostrando el lado inferior de sus alas, que brillaban como una cinta de satén al sol, o como el interior perlado de una concha. Esta visión me recordó la cetrería y cuánta