[…] Las de clase más humilde están cubiertas con esteras que hacen con una especie de espadaña, y son también medianamente herméticas y cálidas, pero no tan buenas como las primeras. […] Algunas he visto, de sesenta o cien pies de largo y treinta de ancho. […] A menudo me he alojado en sus wigwams, y los he encontrado tan cálidos como las mejores casas inglesas». Añade que comúnmente estaban alfombrados y revestidos por dentro con esteras bordadas y bien trabajadas, y estaban provistos de diversos utensilios. Los indios habían avanzado tanto como para regular el efecto del viento mediante una estera suspendida sobre el agujero del techo y movida por un cordel. Tal refugio era construido en primera instancia en un día o dos a lo sumo, y desmontado y vuelto a montar en pocas horas; y cada familia poseía uno, o su compartimento en
En el estado salvaje cada familia posee un refugio tan bueno como el mejor, y suficiente para sus necesidades más burdas y sencillas; pero creo mantenerme dentro de ciertos límites al decir que, aunque las aves del aire tienen sus nidos, y los zorros sus madrigueras, y los salvajes sus wigwams, en la moderna sociedad civilizada no más de la mitad de las familias posee un refugio.
En los grandes pueblos y ciudades, donde la civilización predomina de manera especial, el número de quienes poseen un refugio es una fracción muy pequeña del total. El resto paga un impuesto anual por esta prenda exterior de todas, que llega a ser indispensable tanto en verano como en invierno, la cual compraría un pueblo de wigwams indios, pero que ahora contribuye a mantenerlos pobres durante toda su vida.
No pretendo insistir aquí en la desventaja de alquilar frente a poseer, pero es evidente que el salvaje posee su refugio porque le cuesta muy poco,