nosotros no está el obrero al que hemos contratado, con quien tanto nos gusta hablar, sino el obrero cuya obra somos.
“¡Cuán vasto y profundo es la influencia de los sutiles poderes del Cielo y de la Tierra!”
«Procuramos percibirlos, y no los vemos; procuramos oírlos, y no los oímos; identificados con la sustancia de las cosas, no pueden separarse de ellas».
«Hacen que en todo el universo los hombres purifiquen y santifiquen sus corazones, y se vistan con sus ropas de fiesta para ofrecer sacrificios y oblaciones a sus antepasados. Es un océano de inteligencias sutiles. Están en todas partes, encima de nosotros, a nuestra izquierda, a nuestra derecha; nos rodean por todos lados».
Somos los sujetos de un experimento que no deja de interesarme un poco. ¿No podemos prescindir por un momento de la compañía de nuestras gentes chismosas bajo estas circunstancias, y tener nuestros propios pensamientos para animarnos? Confucio dice con verdad: «La virtud no permanece como una huérfana abandonada; ha de tener necesariamente vecinos».
Mediante el pensamiento podemos salir de nosotros mismos en un sentido cuer Tonto. Mediante un esfuerzo consciente de la mente podemos apartarnos de las acciones y de sus consecuencias; y todas las cosas, buenas y malas, pasan junto a nosotros como un torrente. No estamos totalmente envueltos en la Naturaleza. Puedo ser tanto la madera flotante en la corriente, como Indra en el cielo contemplándola desde arriba. Puedo verme afectado por una representación teatral; por otra parte, puede no afectarme un acontecimiento real que parece concernirme