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Animales de invierno

sus cachorros y, al igual que su madre, el misterio los sumió en un sobrio silencio. Entonces el cazador se adelantó y se situó en medio de ellos, y el misterio quedó resuelto. Esperaron en silencio mientras él desollaba al zorro, luego siguieron al rastro un rato y al fin se adentraron de nuevo en el bosque. Esa tarde, un hacendado de Weston llegó a la cabaña del cazador de Concord para preguntar por sus sabuesos, y contó cómo durante una semana habían estado cazando por su cuenta desde los bosques de Weston. El cazador de Concord le contó lo que sabía y le ofreció la piel; pero el otro la rechazó y se marchó. No encontró a sus sabuesos esa noche, pero al día siguiente supo que habían cruzado el río y se habían alojado en una granja durante la noche, desde donde, tras haber sido bien alimentados, partieron temprano por la mañana.

El cazador que me contó esto aún recordaba a cierto Sam Nutting, que solía cazar osos en Fair Haven Ledges y cambiar sus pieles por ron en el pueblo de Concord; y que incluso le había contado que había visto un alce allí. Nutting tenía un famoso foxhound llamado Burgoyne —él lo pronunciaba Bugine— que mi informante solía pedir prestado. En el «Libro de cuentas» de un viejo comerciante de este pueblo, que era también capitán, secretario municipal y diputado, encuentro el siguiente asiento: 18 de enero de 1742⁠–⁠3, «John Melven Cr. por 1 zorro gris 0⁠—2⁠—3»; hoy ya no se les encuentra por aquí; y en su libro mayor, el 7 de febrero de 1743, Hezekiah Stratton aparece con el haber «por ½ piel de gato montés 0⁠—1⁠—4½»; por supuesto, un gato montés, pues Stratton fue sargento en la antigua guerra francesa y no se le habría dado crédito por cazar piezas menos nobles. También se abonan pieles de ciervo, las cuales se vendían a diario. Un hombre aún conserva las astas del último ciervo que fue abatido en estos alrededores,

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