antes de tener hambre. La gente dice que más vale prevenir que curar, y así dan mil puntadas hoy para ahorrarse nueve mañana. En cuanto al trabajo, no tenemos ninguno de verdadera importancia. Padecemos el baile de San Vito y nos resulta totalmente imposible mantener la cabeza quieta.
Si yo diera tan solo unos cuantos tirones de la cuerda de la campana parroquial, como para un incendio, es decir, sin voltear la campana, apenas habría un hombre en su granja de las afueras de Concord, a pesar de ese cúmulo de ocupaciones que fue su excusa tantas veces esta mañana, ni un muchacho, ni una mujer, casi podría decir, que no abandonara todo y siguiera ese sonido, no principalmente para salvar los bienes de las llamas, sino, si hemos de decir la verdad, mucho más para verlos arder, ya que han de arder, y nosotros, que se sepa, no les prendimos fuego; o para ver cómo se apaga, y meter mano en el asunto, si es que se hace con la debida gracia; sí, aunque fuera la mismísima iglesia de la parroquia.