los hombres solo se atreven a ser valientes como lo fueron sus padres, o tímidos. Esta generación no deja de plantar maíz y judías cada año nuevo tal como lo hacían los indios siglos atrás y enseñaron a hacer a los primeros colonos, como si hubiera un destino en ello. El otro día vi a un viejo, para mi asombro, haciendo los hoyos con una azada por septuagésima vez al menos, ¡y no para acostarse él en ellos! Pero ¿por qué no habría de probar nuevas aventuras el habitante de Nueva Inglaterra, y no poner tanto énfasis en su grano, su cosecha de patatas y hierba, y sus huertos, y cultivar otras cosechas además de estas? ¿Por qué preocuparnos tanto por nuestras judías para semilla, y no preocuparnos en absoluto por una nueva generación de hombres? En verdad nos alimentaríamos y nos regocijaríamos si al encontrarnos con un hombre tuviéramos la seguridad de ver que algunas de las cualidades que he nombrado —que todos valoramos más que esas otras producciones, pero que en su mayor parte andan esparcidas y flotan en el aire— hubieran arraigado y crecido en él. He aquí que viene por el camino una cualidad tan sutil e inefable, por ejemplo, como la verdad o la justicia, aunque sea en la mínima cantidad o en una variedad nueva. Debería instruirse a nuestros embajadores para que enviaran a casa semillas como estas, y el Congreso ayudar a distribuirlas por toda la tierra. Jamás deberíamos andarnos con ceremonias ante la sinceridad. Jamás nos engañaríamos, nos insultaríamos y nos desterraríamos unos a otros con nuestra mezquindad, si estuviera presente la semilla del mérito y la bondad. No nos reuniríamos así a la carrera. A la mayoría de los hombres no los encuentro en absoluto, pues parece que no tienen tiempo; están ocupados con sus judías. No trataríamos con un hombre tan trabajador e infatigable, apoyado en una azada o una pala a modo de bastón entre sus faenas, no como un hongo, sino parcialmente emergido de la tierra, algo más que erguido, como golondrinas posadas y caminando por el suelo:—
“Y mientras hablaba, sus alas de vez en cuando Se extendían, como si quisiera volar, y luego se cerraban de nuevo—”