agua para flotar allí durante una generación, la embarcación más adecuada para el lago. Recuerdo que cuando miré por primera vez en estas profundidades se veían muchos troncos grandes yacentes confusamente en el fondo, los cuales o bien habían sido derribados por el viento en el pasado, o bien se habían dejado sobre el hielo en la última tala, cuando la madera era más barata; pero ahora casi todos han desaparecido.
Cuando por primera vez bogué en una barca por Walden, estaba completamente rodeado de espesos y elevados pinares y robledales, y en algunas de sus calas las vides habían trepado por los árboles cercanos al agua y formado cenadores bajo los cuales podía pasar una embarcación. Las colinas que forman sus orillas son tan empinadas, y los bosques en ellas eran entonces tan altos, que, al mirar hacia abajo desde el extremo oeste, tenía la apariencia de un anfiteatro para algún tipo de espectáculo silvestre. He pasado muchas horas, cuando era más joven, flotando sobre su superficie según el céfiro quería, habiendo remado con mi barca hasta el centro, y tumbado boca arriba sobre los bancos, en una mañana de verano, soñando despierto, hasta que me despertaba el roce de la barca con la arena, y me incorporaba para ver a qué orilla me habían impulsado mis hados; días en que la ociosidad era la industria más atractiva y productiva. Muchas mañanas me he escapado furtivamente, prefiriendo pasar así la parte más valiosa del día; pues yo era rico, si no en dinero, en horas soleadas y días de verano, y los gastaba pródiguamente; ni me arrepiento de no haber desperdiciado más de ellos en el taller o en el pupitre del maestro. Pero desde que dejé aquellas orillas los leñadores las han devastado aún más, y ahora durante muchos años no habrá más paseos por las naves del