¿Quién sabe en la literatura de cuántas naciones olvidadas habrá sido esta la Fuente Castalia? ¿O qué ninfas presidieron sobre él en la Edad de Oro? Es una gema de la más alta calidad que Concord lleva en su diadema.
Mas acaso los primeros que llegaron a este pozo hayan dejado alguna huella de sus pasos.
Me ha sorprendido descubrir que rodea el estanque, aun allí donde se acaba de talar un bosque espeso en la orilla, un sendero estrecho en forma de repisa en la empinada ladera, que sube y baja alternativamente, acercándose y alejándose de la orilla del agua, tan antiguo probablemente como la raza humana en estos lugares, desgastado por los pies de cazadores aborígenes y pisado aún de vez en vez sin saberlo por los actuales ocupantes de la tierra.
Esto resulta particularmente claro para quien se detiene en medio del estanque en invierno, justo después de una ligera nevada, pues aparece como una línea blanca, nítida y ondulante, libre de maleza y ramitas, y muy evidente a un cuarto de milla de distancia en muchos lugares donde en verano apenas se distingue de cerca. La nieve lo reimprime, por decirlo así, en un claro tipo blanco en altoor-relieve. Los terrenos ornamentados de las villas que algún día se construirán aquí quizá conserven todavía algún rastro de esto.
El estanque sube y baja, pero si de manera regular o no, y en qué periodo, nadie lo sabe, aunque, como de costumbre, muchos pretenden saberlo. Por lo común está más alto en invierno y más bajo en verano, aunque no corresponde con la sequía o humedad generales. Puedo recordar cuando estaba uno o dos pies más bajo, y también cuando estaba al menos cinco pies más alto, que cuando vivía a su orilla. Hay una barra de arena angosta que se adentra en él, con agua muy profunda a un lado, sobre la cual ayudé a hervir una caldera de sopa de