Pero mientras estemos confinados a los libros, aunque sean los más selectos y clásicos, y leamos solo lenguas escritas particulares, que en sí mismas no son sino dialectos y provincianas, corremos el peligro de olvidar el lenguaje que todas las cosas y acontecimientos hablan sin metáfora, el único copioso y normativo.
Mucho se publica, pero poco se imprime.
Los rayos que se filtran a través de la persiana ya no se recordarán cuando esta se retire por completo.
Ningún método ni disciplina puede suplantar la necesidad de estar siempre alerta.
¿Qué es un curso de historia, de filosofía o de poesía, por muy bien seleccionado que esté, o la mejor sociedad, o la más admirable rutina de vida, en comparación con la disciplina de mirar siempre lo que hay que ver?
¿Serás un lector, un mero estudiante, o un vidente?
Lee tu destino, ve lo que tienes ante ti y avanza hacia el porvenir.
El primer verano no leí libros; escardé judías. No, a menudo hice algo mejor que eso. Hubo momentos en que no podía permitirme sacrificar la flor del momento presente a ningún trabajo, ya fuera de la cabeza o de las manos. Amo un amplio margen para mi vida.
A veces, en una mañana de verano, tras haberme dado mi baño acostumbrado, me sentaba en mi soleada puerta desde la salida del sol hasta el mediodía, absorto en un ensueño, en medio de los pinos, los