del uso del tabaco es que nunca lo he masticado; ese es un castigo que los masticadores de tabaco reformados tienen que pagar, aunque hay suficientes cosas que sí he masticado contra las cuales podría disertar. Si alguna vez os veis traicionados por alguna de estas filantropías, no dejéis que vuestra mano izquierda sepa lo que hace vuestra derecha, pues no vale la pena saberlo. Salva al que se ahoga y átate los cordones de los zapatos. Tómate tu tiempo y ponte manos a la obra con algún trabajo libre.
Nuestras maneras se han corrompido por la comunicación con los santos. Nuestros himnarios resuenan con una maldición melodiosa de Dios y el soportarle para siempre. Se diría que incluso los profetas y redentores han preferido consolar los temores antes que confirmar las esperanzas del hombre.
No hay registrada en ninguna parte una satisfacción simple e irreprimible con el don de la vida, ninguna alabanza memorable de Dios.
Toda salud y todo éxito me hacen bien, por muy lejanos y retirados que parezcan; toda enfermedad y fracaso contribuyen a entristecerme y me hacen daño, por mucha compasión que tengan conmigo o yo con ellos.
Si, por tanto, hemos de redimir a la humanidad por medios verdaderamente indios, botánicos, magnéticos o naturales, seamos primero tan simples y sanos como la propia Naturaleza, disipemos las nubes que cuelgan sobre nuestras propias frentes y dejemos que un poco de vida penetre en nuestros poros. No te detengas a ser inspector de pobres, sino esfuérzate por convertirte en uno de los hombres notables del mundo.
Leí en el Gulistán , o Jardín de Flores, del jeque Saadi de Shiraz, que «le preguntaron a un sabio: De los muchos árboles célebres que Dios Altísimo ha creado altos y umbríos, a ninguno llaman azad , o libre, excepto al ciprés, que no da fruto; ¿qué misterio