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Primavera

la tierra interpuesta, y los pueblos y las ciudades son los huevos de los insectos en sus axilas.

Cuando el sol se retira, la arena cesa de fluir, pero por la mañana los arroyos volverán a empezar y a ramificarse una y otra vez en una miríada de otros. Ves aquí tal vez cómo se forman los vasos sanguíneos. Si miras de cerca, observas que primero avanza desde la masa en deshielo un chorro de arena ablandada con una punta en forma de gota, como la yema del dedo, palpando su camino lenta y ciegamente hacia abajo, hasta que al fin, con más calor y humedad, a medida que el sol asciende, la porción más fluida, en su empeño por obedecer la ley a la que también se rinde la más inerte, se separa de esta última y forma para sí un cauce serpenteante o arteria en su interior, en el cual se ve un pequeño arroyo plateado que brilla como un relámpago de un estrato de hojas o ramas carnosas a otro, y de vez en cuando es tragado por la arena. Es maravilloso cuán rápida y perfectamente la arena se organiza a medida que fluye, utilizando el mejor material que su masa ofrece para formar los bordes afilados de su cauce. Tales son los nacimientos de los ríos. En la materia silícea que el agua deposita está quizás el

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