patentes. Esto ocurrió hacia finales del verano. Ahora ya era
El viento del norte ya había comenzado a enfriar el estanque, aunque le tomó muchas semanas de soplar constante lograrlo, de tan hondo que es. Cuando comencé a encender fuego por la tarde, antes de revocar mi casa, la chimenea tiraba el humo particularmente bien, debido a las numerosas rendijas entre las tablas. Sin embargo, pasé algunas tardes alegres en aquel aposento fresco y ventilado, rodeado de las toscas tablas marrones llenas de nudos, y de las altas vigas con corteza allá arriba. Mi casa nunca volvió a agradar tanto a mi vista después de revocada, aunque tuve que confesar que era más confortable. ¿Acaso no debería ser todo aposento en el que habita el hombre lo suficientemente alto como para crear cierta oscuridad en lo alto, donde las sombras parpadeantes puedan jugar por la tarde en torno a las vigas? Estas formas son más agradables para la fantasía y la imaginación que las pinturas al fresco u otros muebles, por caros que sean. Ahora comencé por primera vez a habitar mi casa, por decirlo así, cuando comencé a usarla para abrigarme además de resguardarme. Había conseguido un par de viejos leños para apartar la leña del hogar, y me hacía bien ver cómo se formaba el hollín en la parte trasera de la chimenea que había construido, y removía el fuego con más derecho y mayor satisfacción que de costumbre. Mi vivienda era pequeña, y apenas si podía albergar un eco en ella; pero parecía más grande por ser de una sola pieza y estar alejada de los vecinos. Todos los atractivos de una casa estaban concentrados en una sola habitación; era cocina, dormitorio, sala de recibo y sala de estar; y cualquier satisfacción que un padre o un hijo, un amo o un sirviente, obtengan de vivir en una casa, yo la disfrutaba toda. Dice Catón que el padre de familia (patremfamilias) debe tener en su villa rústica “*cellam oleariam, vinariam, dolia multa, uti lubeat caritatem expectare, et