Un hombre, cualquier hombre, se desvivirá considerablemente por recoger un dólar de plata; pero he aquí palabras de oro que los hombres más sabios de la antigüedad han pronunciado, y cuyo valor nos han asegurado los sabios de todas las épocas sucesivas;—y, sin embargo, aprendemos a leer tan solo hasta la Lectura Fácil, los silabarios y libros de texto, y cuando dejamos la escuela, la Lectura Elemental y los libros de cuentos, que son para muchachos y principiantes; y nuestra lectura, nuestra conversación y nuestro pensamiento están todos a un nivel muy bajo, dignos únicamente de pigmeos y monigotes.
Aspiro a conocer a hombres más sabios que los que ha producido este suelo nuestro de Concord, cuyos nombres apenas se conocen aquí. ¿O acaso oiré el nombre de Platón y jamás leeré su libro? Como si Platón fuera mi conciudadano y nunca lo hubiera visto; mi vecino de al lado y nunca le hubiera oído hablar ni prestado atención a la sabiduría de sus palabras. ¿Pero cómo es en realidad? Sus Diálogos, que contienen lo que había de inmortal en él, están en el estante de al lado, y sin embargo nunca los leo. Somos maleducados, de baja calaña e incultos; y en este aspecto confieso que no establezco una distinción muy amplia entre el analfabetismo de mi conciudadano que no sabe leer en absoluto y el analfabetismo de aquel que ha aprendido a leer solo lo que es para niños e intelectos débiles. Debiéramos ser tan buenos como los hombres ilustres de la antigüedad, pero en parte sabiendo primero cuán buenos fueron. Somos una raza de pigmeos, y en nuestros vuelos intelectuales apenas volamos más alto que las columnas del diario.
No todos los libros son tan aburridos como sus lectores. Probablemente existan palabras dirigidas exactamente a nuestra condición que, si realmente pudiéramos escuchar y comprender, serían más salutíferas para nuestras vidas que la mañana o la primavera, y posiblemente le pondrían un nuevo aspecto al rostro de las cosas para nosotros. ¡Cuántos hombres han fechado una nueva era en su vida a partir de la lectura de un libro! El libro existe para nosotros, tal vez, que explicará