nubes que flotan por el cielo occidental, y los rebaños de madreperla que a veces se forman y se disuelven allí. Allí trabajamos, revisando la mitología, redondeando alguna que otra fábula y construyendo castillos en el aire para los cuales la tierra no ofrecía un fundamento digno. ¡Gran Observador! ¡Gran Expectador! conversar con quien era una Noche de Entretenimiento de Nueva Inglaterra. ¡Ah! qué charla tuvimos, ermitaño y filósofo, y el viejo colono de quien he hablado —nosotros tres—; se expandió y sacudió mi pequeña casa; no osaría decir cuántas libras de peso había por encima de la presión atmosférica en cada pulgada circular; abrió sus juntas de tal modo que tuvieron que calafatearse con mucha modorra después para detener la consiguiente fuga; —pero ya tenía suficiente estopa de esa clase deshilachada.
Había otra persona con quien pasé «estaciones sólidas», dignas de ser recordadas largamente, en su casa del pueblo, y que se pasaba a verme de vez en cuando; pero no tuve más vida social allí.
También allí, como en todas partes, a veces esperaba al Visitante que nunca viene.
El Vishnu Purana dice: «El cabeza de familia debe permanecer al anochecer en su patio el tiempo que se tarda en ordeñar una vaca, o más si le place, para aguardar la llegada de un huésped».
A menudo cumplí con este deber de hospitalidad, esperé lo suficiente como para ordeñar a todo un hato de vacas, pero no vi al hombre que se acercaba desde la ciudad.