asomaba a visitarme, me contó que muchos años atrás, una tarde, tomó su escopeta y salió a dar una batida por el bosque de Walden; y mientras caminaba por el camino de Wayland oyó el ladrido de unos sabuesos que se acercaban, y al poco tiempo un zorro saltó la cerca hacia el camino, y con la rapidez del pensamiento saltó la otra cerca fuera del camino, y su veloz bala no lo había rozado. Un poco más atrás venía una vieja perra sabuesa y sus tres cachorros en plena persecución, cazando por cuenta propia, y volvieron a desaparecer en el bosque. Tarde en la tarde, mientras descansaba en el espeso bosque al sur de Walden, oyó la voz de los sabuesos muy a lo lejos, hacia Fair Haven, que todavía perseguían al zorro; y seguían avanzando, con su ladrido de caza que hacía resonar todo el bosque, cada vez más cerca, ahora desde Well Meadow, ahora desde la granja de Baker. Durante un buen rato se quedó inmóvil y escuchó su música, tan dulce para el oído de un cazador, cuando de repente apareció el zorro, surcando las solemnes naves con un paso de carrera fácil, cuyo sonido quedaba disimulado por el crujido solidario de las hojas, veloz y silencioso, manteniendo la ruta, dejando muy atrás a sus perseguidores; y, saltando sobre una roca en medio del bosque, se sentó erguido y atento, dándole la espalda al cazador. Por un momento la compasión detuvo el brazo de este último; pero fue un estado de ánimo efímero, y tan rápido como un pensamiento puede seguir a otro su arma fue apuntada, y ¡pum! —el zorro, rodando sobre la roca, yacía muerto en el suelo. El cazador permaneció en su sitio y escuchó a los sabuesos. Continuaron acercándose, y ahora el bosque cercano resonaba en todas sus naves con su grito demoníaco. A la postre, la vieja sabuesa irrumpió en el campo de visión con el hocico pegado al suelo y chasqueando el aire como posesa, y corrió directamente hacia la roca; pero, al divisar al zorro muerto, detuvo de repente sus ladridos como si se hubiera quedado muda de asombro, y dio vueltas y más vueltas a su alrededor en silencio; y uno a uno llegaron
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Animales de invierno
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