en el agua, y se quedó tumbada en el fondo, al parecer sin molestia alguna, todo el tiempo que estuve allí, o más de un cuarto de hora; quizá porque aún no había salido del todo de su estado de letargo. Me pareció que por una razón semejante los hombres permanecen en su actual condición baja y primitiva; pero si llegaran a sentir la influencia de la primavera de las primaveras despertándolos, ascenderían necesariamente a una vida superior y más etérea. Anteriormente había visto a las culebras en las mañanas de helada en mi camino con porciones de sus cuerpos aún adormecidas e inflexibles, esperando a que el sol las descongelara.
El 1 de abril llovió y derritió el hielo, y a principios del día, que era muy nublado, oí a un ganso descarriado tanteando el estanque y graznando como si estuviera perdido, o como el espíritu de la neblina.
Así pasé algunos días cortando y labrando madera, así como postes y vigas, todo con mi hacha estrecha, sin tener muchos pensamientos comunicables o eruditos, cantándome a mí mismo—
Los hombres dicen saber muchas cosas; ¡mas he aquí que han tomado alas!— Las artes y las ciencias, y mil aplicaciones; El viento que sopla es todo lo que alguien sabe.
Labré las vigas principales de seis pulgadas cuadradas, la mayoría de los montantes por dos lados solamente, y los cabios y vigas del suelo por un lado, dejando el resto de la corteza, de modo que quedaron tan rectos y mucho más resistentes que los aserrados. Cada madero fue cuidadosamente mortajado o espigado junto a su tocón, pues para entonces ya había tomado prestadas otras herramientas. Mis días en el bosque no eran muy largos; sin embargo, solía llevar mi almuerzo de pan y mantequilla, y leía el periódico en el que venía envuelto al mediodía, sentado entre las verdes