Así también, debido a la salud y la fuerza corporal y mental, podemos ser continuamente reconfortados por una compañía semejante pero más normal y natural, y llegar a saber que nunca estamos solos.
Tengo muchísima compañía en mi casa; especialmente por la mañana, cuando nadie llama.
Permítanme sugerir algunas comparaciones, para que alguien pueda hacerse una idea de mi situación. No estoy más solo que el colimbo en el estanque que ríe tan alto, o que el propio estanque de Walden. ¿Qué compañía tiene ese lago solitario, pregunto yo?
Y, sin embargo, no tiene los diablos azules, sino los ángeles azules en él, en el tinte azur de sus aguas.
- El sol está solo, excepto en tiempo muy nublado, cuando a veces parece haber dos, pero uno es un sol falso.
- Dios está solo, pero el diablo, él está lejos de estar solo; ve muchísima compañía; él es legión.
No estoy más solo que un gordolobo o un diente de león solitario en un pasto, o una hoja de frijol, o una acedera, o un tábano, o un abejorro. No estoy más solo que el arroyo Mill, o una veleta, o la estrella del norte, o el viento del sur, o un chaparrón de abril, o un deshielo de enero, o la primera araña en una casa nueva.
Recibo ocasionales visitas en las largas tardes de invierno, cuando la nieve cae con fuerza y el viento aúlla en el bosque, de un viejo colono y propietario original, de quien se cuenta que excavó el estanque Walden, lo empedró y lo rodeó de pinares; el cual me cuenta historias de los tiempos antiguos y de la nueva eternidad; y entre ambos nos arreglamos para pasar una velada alegre, con júbilo social y agradables puntos de vista sobre las cosas, aun sin manzanas ni sidra—un amigo de lo más sabio y jovial, a quien quiero mucho, que se guarda más en secreto de lo que