CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 76 de 375
Table of Contents

Economía

entonces, en harina de centeno y de maíz sin levadura, patatas, arroz, un trocito muy pequeño de cerdo salado, melaza y sal; y mi bebida, agua. Era justo que viviera principalmente de arroz, yo que amo tanto la filosofía de la India. Para salir al paso de las objeciones de algunos detractores empedernidos, bien puedo declarar que, si cenaba fuera de vez en cuando, como siempre lo había hecho y confío en tener la oportunidad de volver a hacer, ello redundaba frecuentemente en detrimento de mi economía doméstica. Pero el cenar fuera, al ser, como he dicho, un elemento constante, no afecta en lo más mínimo a una exposición comparativa como esta.

Aprendí por mi experiencia de dos años que costaría un trabajo increíblemente pequeño obtener el alimento necesario, incluso en esta latitud; que un hombre puede usar una dieta tan simple como la de los animales, y aun así conservar la salud y la fuerza. He hecho una comida satisfactoria, satisfactoria por varios motivos, simplemente a partir de un plato de verdolaga (Portulaca oleracea) que coseché en mi campo de maíz, hervida y salada. Doy el latín debido a la elegancia del nombre vulgar. Y díganme, ¿qué más puede desear un hombre razonable, en tiempos de paz, en los mediodías ordinarios, que un número suficiente de mazorcas de maíz tierno hervidas, con el añadido de sal? Incluso la pequeña variedad que empleé fue una concesión a las demandas del apetito, y no de la salud. Sin embargo, los hombres han llegado a tal extremo que con frecuencia perecen de hambre, no por falta de lo necesario, sino por falta de lujos; y conozco a una buena mujer que piensa que su hijo perdió la vida por haberse dedicado a beber únicamente agua.

El lector advertirá que estoy tratando el asunto desde un punto de vista más

76