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El Pueblo

si inhalasen éter, pues solo les produce adormecimiento e insensibilidad al dolor —de otro modo a menudo sería penoso de soportar— sin afectarles la consciencia. Casi nunca dejaba de ver, cuando deambulaba por el pueblo, a una fila de tales dignatarios, ya sentados en una escalera tomando el sol, con el cuerpo inclinado hacia adelante y los ojos paseándose por la línea de aquí para allá, de vez en cuando, con una expresión voluptuosa, ya recostados contra un granero con las manos en los bolsillos, a manera de cariátides, como para apuntalarlo. Ellos, al estar comúnmente al aire libre, se enteraban de cuanto soplaba el viento. Estos son los molinos más burdos, en los que todos los chismes son primeramente digeridos sin delicadeza o triturados antes de ser vertidos en tolvas más finas y delicadas bajo techo. Observé que las entrañas del pueblo eran el colmado, la taberna, la oficina de correos y el banco; y, como parte necesaria de la maquinaria, mantenían una campana, un cañón grande y una bomba de incendios en lugares convenientes; y las casas estaban dispuestas de modo que sacaran el mayor partido de la humanidad, en callejones y frente a frente, de suerte que todo viajero tenía que pasar por las armas, y todo hombre, mujer y niño podía atizarle un golpe. Por supuesto, aquellos que estaban apostados más cerca de la cabeza de la línea, donde podían ver y ser vistos mejor, y asestarle el primer golpe, pagaban los precios más altos por sus puestos; y los pocos habitantes dispersos en las afueras, donde empezaban a producirse grandes huecos en la línea y el viajero podía saltar tapias o desviarse por senderos de vacas, y escapar así, pagaban un impuesto territorial o de ventanas muy escaso. Había letreros colgados por todas partes para tentarle; unos para atraparle por el apetito, como la taberna y la casa de comidas; otros por la fantasía, como la tienda de tejidos y la joyería; y otros por el pelo, los pies o los faldas, como el barbero, el zapatero o el sastre. Además, había una invitación permanente aún más terrible para llamar a cada una de estas puertas, y se esperaba compañía por estas fechas.

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