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Antiguos habitantes y visitantes de invierno

Hoy está lleno de zumaque liso ( Rhus glabra ), y una de las especies más tempranas de vara de oro ( Solidago stricta ) crece allí lozana.

Aquí, junto a la esquina misma de mi campo, todavía más cerca del pueblo, Zilpha, una mujer de color, tenía su casita, donde hilaba lino para la gente del pueblo, haciendo resonar los bosques de Walden con su canto agudo, pues tenía una voz sonora y notable. A la postre, en la guerra de 1812, su vivienda fue prendida fuego por soldados ingleses, prisioneros bajo palabra, cuando ella estaba ausente, y su gato, su perro y sus gallinas murieron todos quemados juntos. Llevaba una vida dura, y en cierto modo inhumana. Un viejo habitué de estos bosques recuerda que, al pasar por delante de su casa un mediodía, la oyó mascullar para sus adentros sobre su olla burbujeante: «¡Sois todos huesos, huesos!». He visto ladrillos en medio del soto de robles de allí.

Carretera abajo, a mano derecha, en la colina de Brister, vivía Brister Freeman, «un negro apañado», otrora esclavo del hacendado Cummings—allí

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