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El estanque en invierno

Por la mañana baño mi intelecto en la estupefaciente y cosmogónica filosofía del Bhagvat-Geeta, desde cuya composición han transcurrido años de los dioses, y en comparación con la cual nuestro mundo moderno y su literatura parecen insignificantes y triviales; y dudo que esa filosofía no deba referirse a un estado de existencia anterior, tan remota es su sublimidad de nuestras concepciones. Dejo el libro y voy a mi pozo por agua, ¡y he aquí que allí me encuentro con el sirviente del brahmán, sacerdote de Brahma, Vishnu e Indra, que aún se sienta en su templo a orillas del Ganges a leer los Vedas, o habita al pie de un árbol con su mendrugo y su cántaro de agua! Me encuentro con su sirviente que viene a sacar agua para su amo, y nuestros cubos por decirlo así chocan en el mismo pozo. El agua pura de Walden se mezcla con el agua sagrada del Ganges. Con vientos favorables es transportada más allá del emplazamiento de las fabulosas islas de la Atlántida y las Hespérides, realiza el periplo de Hannón y, flotando junto a Ternate y Tidore y la desembocadura del golfo Pérsico, se disuelve en los gales tropicales de los mares de la India y desembarca en puertos cuyos nombres Alejandro solo oyó mentar.

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