orilla despejada; pues, a diferencia de muchos estanques y de todas las aguas sujetas a una marea diaria, su orilla está más limpia cuando el agua está más baja. En el lado del estanque contiguo a mi casa, una hilera de pinos resinosos, de quince pies de altura, ha muerto y ha sido volcada como por una palanca, poniendo así fin a su avance; y su tamaño indica cuántos años han transcurrido desde la última vez que el agua alcanzó esta altura. Mediante esta fluctuación, el estanque reivindica su derecho a una orilla, y así la orilla queda despojada, y los árboles no pueden retenerla por derecho de posesión. Estos son los labios del lago, en los que no crece barba. Se lame los belfos de vez en cuando. Cuando el agua está en su punto más alto, los alisos, sauces y arces extienden una masa de raíces rojas fibrosas de varios pies de longitud desde todos los lados de sus tallos en el agua, y hasta una altura de tres o cuatro pies del suelo, en su esfuerzo por mantenerse; y he visto que los arbustos altos de arándanos de la orilla, que por lo comun no dan fruto, producen una cosecha abundante bajo estas circunstancias.
Algunos se han devanado los sesos para explicar cómo la orilla llegó a estar tan regularmente empedrada. Todos mis conciudadanos conocen la tradición —los más ancianos me cuentan que la oyeron en su juventud— de que, en la antigüedad, los indios celebraban un aquelarre en una colina de este lugar, la cual sealzaba hacia los cielos tanto como el estanque ahora se hunde en la tierra; y, según cuenta la historia, proferían muchas blasfemias, a pesar de que este vicio era algo de lo que los indios jamás fueron culpables; y mientras estaban en ello, la colina tembló y se hundió de repente, y solo una anciana squaw, llamada Walden, logró escapar, y de ella tomó su nombre el estanque. Se ha conjeturado que, cuando la colina tembló, estas piedras rodaron por su ladera y se convirtieron en la actual orilla. Es muy seguro, en cualquier caso, que una vez no hubo ningún estanque aquí y ahora lo hay;