Hace falta espacio para que los pensamientos alcancen la línea de navegación y recorran un par de rumbos antes de llegar a puerto. La bala de vuestro pensamiento debe haber vencido su movimiento lateral y de rebote y haber adoptado su trayectoria definitiva y constante antes de llegar al oído del oyente, no sea que vuelva a abrirse paso a través de su cabeza. Además, nuestras frases necesitaban espacio para desplegarse y formar sus columnas en el intervalo. Los individuos, al igual que las naciones, deben tener límites amplios y naturales adecuados, e incluso un terreno neutral considerable, entre ellos.
He hallado un lujo singular conversar al otro lado del charco con un compañero situado en la orilla opuesta. En mi casa estábamos tan cerca que no podíamos empezar a oírnos; no podíamos hablar lo suficientemente bajo para ser escuchados; como cuando se arrojan dos piedras en aguas tranquilas tan cerca que interrumpen las ondas la una de la otra.
Si somos meramente charlatanes y hablamos en voz alta, entonces podemos darnos el lujo de estar muy cerca el uno del otro, codo con codo, y sentir el aliento ajeno; pero si hablamos con reserva y meditación, necesitamos estar más separados, para que todo el calor y la humedad animales tengan la oportunidad de evaporarse.
Si hemos de disfrutar de la compañía más íntima con aquello que en cada uno de nosotros está sin necesidad, o por encima, de que se le hable, debemos no solo guardar silencio, sino por lo general estar físicamente tan lejos que nos sea imposible oír la voz del otro bajo ningún concepto. Referido a este estándar, el habla es para la comodidad de los que están duros de oído; pero hay muchas cosas sutiles que no podemos decir si tenemos que gritar.