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Visitantes

Aunque dudaba, y tal vez no acertaba a expresarse con claridad, siempre abrigaba un pensamientopresentable. Sin embargo, su pensamiento era tan primitivo e iba tan sumido en su vida animal que, si bien prometía más que el de un hombre meramente instruido, rara vez maduraba hasta convertirse en algo digno de ser contado. Sugería que podía haber hombres de genio en las capas más bajas de la vida, por permanentemente humildes e iletrados que fuesen, que mantienen siempre su propio punto de vista, o no fingen ver en absoluto; que son tan insondables como se creía que era el estanque de Walden, por mucho que puedan ser oscuros y fangosos.

Mucho viajero se desviaba de su camino para verme a mí y al interior de mi casa y, como excusa para llamar, pedía un vaso de agua. Les decía que yo bebía del estanque y señalaba hacia allá, ofreciéndoles en préstamo un cucharón. Por muy lejos que vivía, no estaba exento de la visita anual que ocurre, según creo, hacia el primero de abril, cuando todo el mundo está en marcha; y tuve mi parte de buena suerte, aunque hubo algunos especímenes curiosos entre mis visitantes. Hombres inanes del asilo de pobres y de otras partes vinieron a verme; pero yo me esforzaba por hacer que ejercitaran todo el ingenio que tenían y me hicieran sus confesiones; haciendo del ingenio el tema de nuestra conversación en tales casos; y así quedaba compensado. En verdad, descubrí que algunos de ellos eran más sabios que los llamados inspectores de pobres y concejales del pueblo, y pensé que ya era hora de que se cambiaran las tornas. Respecto al ingenio, aprendí que no había mucha diferencia entre el medio y el entero. Un día, en particular, un indigente inofensivo y simple, a quien junto con otros había visto a menudo usarse como material de cerca, de pie o

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