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Economía

tan poco es lo que se ha intentado. Cualesquiera que hayan sido tus fracasos hasta ahora, “no te afliges, hijo mío, pues ¿quién te asignará lo que has dejado por hacer?”

Podríamos probar nuestra vida con mil sencillas pruebas; como, por ejemplo, que el mismo sol que madura mis judías ilumina al mismo tiempo un sistema de tierras como el nuestro. Si hubiera recordado esto, habría evitado algunos errores. Esta no era la luz bajo la cual las escardaba. ¡Las estrellas son los vértices de qué maravillosos triángulos! ¡Qué seres distantes y diferentes en las distintas moradas del universo están contemplando la misma en el mismo instante! La naturaleza y la vida humana son tan diversas como nuestras distintas constituciones. ¿Quién diría qué perspectiva ofrece la vida a otro? ¿Podría ocurrir mayor milagro que el de mirar a través de los ojos de los demás por un instante? Viviríamos en todas las edades del mundo en una hora; sí, en todos los mundos de las edades. ¡Historia, Poesía, Mitología!⁠—No conozco ninguna lectura de la experiencia ajena tan sorprendente e instructiva como esta lo sería.

La mayor parte de lo que mis vecinos llaman bueno, lo creo malo en mi alma, y si de algo me arrepiento, es muy probable que sea de mi buena conducta. ¿Qué demonio me poseyó para que me portara tan bien? Podrás decir lo más sabio que se te ocurra, viejo⁠—tú que has vivido setenta años, no sin cierta clase de honor⁠—, yo escucho una voz irresistible que me invita a alejarme de todo eso. Una generación abandona las empresas de otra como a buques encallados.

Creo que podemos confiar con bastante más seguridad de lo que lo hacemos. Podemos prescindir de una parte de la atención hacia nosotros mismos equivalente a la que sinceramente prodigamos en otros lugares. La naturaleza está tan bien adaptada a

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