rei, et virtuti, et gloriae erit*”, esto es, “una bodega de aceite y de vino, muchas tinajas, de modo que sea un placer aguardar los tiempos difíciles; ello redundará en su provecho, en su virtud y en su gloria”. Tenía en mi sótano un barrilito de papas, cerca de dos cuartillos de guisantes con gorgojos, y en mi estante un poco de arroz, una jarra de melaza y un peck de harina de centeno y de maíz cada uno.
A veces sueño con una casa más grande y poblada, situada en una edad de oro, de materiales duraderos y sin filigranas de repostería, que conste todavía de una sola habitación, un vestíbulo vasto, rudo, sólido y primitivo, sin techos ni revque, con vigas y correas desnudas que sostienen una especie de cielo inferior sobre la cabeza de uno —útil para resguardar de la lluvia y la nieve—, donde los punzones y tirantes sobresalen para recibir vuestro homenaje, cuando hayáis rendido reverencia al Saturno prostrado de una dinastía más antigua al cruzar el umbral; una casa cavernosa, en la cual hay que alzar una antorcha en lo alto de una pértiga para ver el techo; donde algunos puedan vivir en la chimenea, otros en el hueco de una ventana, y otros en escaños, unos en un extremo del vestíbulo, otros en otro, y algunos en lo alto, sobre las vigas con las arañas, si así lo prefieren; una casa a la que se ha entrado una vez abierta la puerta de la calle y terminada la ceremonia; donde el viajero fatigado puede lavarse, comer, conversar y dormir sin más viaje; un refugio tal como uno se alegraría de alcanzar en una noche tempestuosa, que contenga lo esencial de una casa y nada para las faenas domésticas; donde se pueden ver todos los tesoros de la casa de un solo vistazo, y todo lo que un hombre debe usar cuelga de su clavija; a la vez cocina, despensa, sala, dormitorio, almacén y desván; donde se puede ver algo tan necesario como un barril o una escalera, algo tan conveniente como un armario, y oír hervir la olla, y presentar los respetos al fuego que cuece la cena y al horno que cuece el pan, y el mobiliario y los utensilios necesarios son los principales adornos; donde no se saca la colada, ni el fuego, ni el ama, y