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Economía

menos? Digo, guardaos de toda empresa que requiera ropa nueva, y no más bien un nuevo portador de la ropa. Si no hay un hombre nuevo, ¿cómo puede hacerse para que la ropa nueva le quede bien? Si tenéis alguna empresa por delante, probadla con vuestra ropa vieja.

Todos los hombres desean, no algo que hacer con_, sino algo que hacer_, o más bien algo que ser_. Tal vez nunca deberíamos adquirir un traje nuevo, por muy desgastado o sucio que esté el viejo, hasta que nos hayamos conducido, hayamos emprendido o navegado de tal manera que nos sintamos como hombres nuevos dentro del viejo, y que conservarlo sea como echar vino nuevo en odres viejos.

Nuestra temporada de muda, al igual que la de las aves, debe ser una crisis en nuestras vidas. El somormujo se retira a estanques solitarios para pasarla. Así también la serpiente se despoja de su piel, y la oruga de su abrigo de gusano, mediante una industria y expansión internas; pues los vestidos no son sino nuestra cutícula más externa y nuestra envoltura mortal. De otro modo se descubrirá que navegamos bajo falsas banderas, y seremos inevitablemente destituidos al fin por nuestra propia opinión, así como por la de la humanidad.

Nos ponemos prenda tras prenda, como si creciéramos como plantas exógenas por adición exterior. Nuestros vestidos exteriores, a menudo delgados y caprichosos, son nuestra epidermis o piel falsa, que no participa de nuestra vida y puede arrancarse aquí y allá sin daño mortal; nuestras prendas más gruesas, usadas constantemente, son nuestro tegumento celular o corteza; pero nuestras camisas son nuestro liber o corteza verdadera, que no puede quitarse sin descortezar y destruir así al hombre. Creo que todas las razas llevan en ciertas estaciones algo equivalente a la camisa. Es deseable que un hombre vaya vestido con tanta sencillez que pueda palparse

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