y la independencia, y luego, al volverse, quedó atrapado él mismo por la pierna. > Esta es la razón por la que es pobre; y por una razón similar todos somos pobres respecto a mil comodidades salvajes, a pesar de estar rodeados de lujos. Como canta
“La falsa sociedad de los hombres— —pues la grandeza terrenal toda comodidad celestial la vuelve aire.”
Y cuando el agricultor ha conseguido su casa, puede que no sea más rico, sino más pobre por ello, y que sea la casa la que lo ha conseguido a él.
Tal como yo lo entiendo, esa fue una objeción válida que le hizo Momo a la casa que fabricó Minerva, de que «no la había hecho móvil, mediante lo cual se podría evitar un mal vecindario»; y aún puede urgirse, pues nuestras casas son una propiedad tan poco manejable que a menudo nos hallamos encarcelados más que alojados en ellas; y el mal vecindario que hay que evitar somos nosotros mismos, miserables.
Conozco a una o dos familias, al menos, en este pueblo, que, durante casi una generación, han estado deseando vender sus casas en las afueras y mudarse al pueblo, pero no lo han conseguido, y solo la muerte los pondrá en libertad.
Concedido que la mayoría sea capaz por fin de poseer o alquilar la casa moderna con todas sus mejoras.
Si bien la civilización ha ido mejorando nuestras casas, no ha mejorado igualmente a los hombres que han de habitarlas. Ha creado palacios, pero no ha sido tan fácil crear hombres nobles y reyes.
Y si las ocupaciones del hombre civilizado no son más dignas que las del salvaje, si emplea la mayor parte de su vida en obtener meramente las necesidades y comodidades burdas, ¿por qué ha de tener una vivienda mejor que este último?
¿Pero cómo le va a la minoría